
Shaquille O’Neal no necesita presentación. Cuando sí la necesitaba era en 1992, recién salido de la Universidad de Luisiana para desembarcar en la NBA. Elegido por los Orlando Magic como número 1 del Draft, el joven Shaq estaba destinado a hacer historia en la mayor liga de baloncesto del mundo. Otra cosa es lo que hiciera en su vida personal.
Tras ser seleccionado por la franquicia de Orlando, su vida dio un giro de 180 grados. De repente, numerosos patrocinadores se interesaron por su figura, que todavía no había ni debutado en la NBA. Así fue como una compañía de cromos coleccionables le pagó un millón de dólares a cambio de ofrecer su imagen. Una oferta estratosférica para un jugador que venía del bajo mundo.
Shaquille O’Neal, en la actualidad / X
Verse repentinamente con esa cantidad de dinero en el banco no debió ser fácil y Shaq aprovechó la oportunidad como si se fuera a despertar de un sueño en poco tiempo. “Gasté un millón de dólares en unos 45 minutos. Recibí un cheque de una marca de cromos… Siempre quise un Mercedes negro sobre negro. Fui y lo compré“, recordó.
“Llegué a casa y mi padre dijo: ‘Está bien, ¿dónde está el mío?’. Fuimos y compramos otro. Luego mi madre dijo que quería uno. Compré tres coches, joyas… y el de banco me llamó al día siguiente para decirme: ‘Hijo, te vas a arruinar si sigues así”. Shaq se quedó en números rojos antes de debutar en la NBA, ya que el banquero tuvo que explicarle que un millón de dólares brutos eran técnicamente 600.000.
El Mercedes-Benz negro le costó alrededor de 150.000 dólares. Ni siquiera se interesó por ofertas o planes de financiación. De golpe. El golpe económico llegó antes de que asombrara a los aficionados de la liga norteamericana por su increíble juego. Años más tarde, Shaq recuerda esta anécdota con una sonrisa en la boca, ya que fue capaz de frenar su impulsividad con la misma velocidad con la que la inició.