Rybakina se eleva por encima de Sabalenka para conquistar la final femenina

Plusdeporte3 hours ago39 Vistas

Es un puño que saca al aire, pequeño, casi tímido, como su sonrisa, pero que encierra una realidad enorme y descarada: Elena Rybakina , 26 años y 5 del mundo, es la campeona del Abierto de Australia tras un partidazo de adrenalina y ganadores contra Aryna Sabalenka, la número 1 del mundo. La kazaja, cerrada esta final con un ‘ace’, qué mejor forma, levanta así su segundo título de Grand Slam, después de triunfar en Wimbledon en 2022.

«Siempre creí que volvería a este nivel. He tenido altibajos, pero hemos puesto mucho trabajo, y mi equipo me ayuda a mantenerme positiva cuando tengo momentos malos», se expresa después la nacida en Moscú, pero envuelta en la bandera kazaja desde la adolescencia en esa campaña del país de atraer el talento a base de talonario.

Hay cierta revancha puesta en juego, que esta final ya la han vivido ambas, pero en 2023 fue la bielorrusa quien se llevó la copa a casa. Era su primer Grand Slam y destapado el tarro de las esencias y los éxitos, la bielorrusa entró en un caminar esplendoroso con otros tres grandes: Australia de nuevo en 2024, y los US Open de 2024 y 2025. Pero se le resisten las finales en los últimos tiempos, pues también cayó en Melbourne el año pasado, ante Madison Keys, y en Roland Garros contra Coco Gauff.

Rybakina se mantuvo siempre cerca de Sabalenka, que la había doblegado en cuatro ocasiones antes de ‘perderle el respeto’ en la final de Indian Wells 2023. A partir de ahí, le fue arrebatando cierto control en los siguientes choques. Como ocurre en esta final en Melbourne, en el que a las dos se les hace incómodo porque a ninguna le gusta ceder la iniciativa y se enfrentan casi casi a un espejo en cuanto al estilo de juego.

Pero a las primeras de cambio, la kazaja lanza la garra a los nervios de Sabalenka, que cede su primer turno de saque. Muy segura Rybakina a partir de ahí, no deja de mantener la batuta del juego, desequilibrando la entereza de la bielorrusa al liderar los puntos con más saña incluso que esta. Una quiere dominar, la otra más. Apenas intercambios por encima de los cuatro golpes.

Sabalenka, pura potencia, se retuerce en la silla, toalla sobre la cabeza para sacudirse la frustración al no ser la clara dominadora de los puntos, repensar la estrategia y buscar cómo darle la vuelta al guion y ponerlo a su favor. Apela, claro, a la potencia, con la que comanda el circuito femenino desde aquel 21 de octubre de 2024 cuando se sentó en el trono de la WTA (lo había hecho antes en 2023 por ocho semanas) y no ha soltado en estas últimas 67 semanas. Sufre porque no consigue que sus golpes desborden a esta Rybakina que parece fluir sobre la Rod Laver Arena. Con su 1’84 de altura tiene un cuerpo ágil, volátil, capaz de desplazarse de lado a lado para llegar a todos los palos que plantea la número 1.

El inicio del segundo set es todo Sabalenka, que gana en cuatro puntos su primer juego y tiene hasta tres opciones de romper el saque de su rival en el segundo. Pero persiste Rybakina en lanzar al centro para quitarle la iniciativa y los ángulos. Resiste ante el aluvión de bombardeos y sobrevive a partir de ahí con más facilidad, encontrada la zona de confort con su saque y su derecha, igual de potentes, pero más efectivos.

Ninguna de las dos cede un milímetro, ni una opción de rotura en los siguientes nueve juegos. Firmeza en cada saque, en cada defensa. Una final de máximos entre las dos mejores del torneo, que han traído hasta este sábado todo su arsenal. Ambas han dominado estas dos semanas con bastante mano dura. Sabalenka solo tuvo un encuentro más complicado contra Potapova (7-6 (4) y 7-6 (9)); tampoco Rybakina perdió ningún set por el camino y solo Pegula en semifinales la inquietó hasta el ‘tie break’ (6-3 y 7-6 (7)). Por eso sorprende más que el set se decida en cuatro puntos, en un juego extraño por parte de Rybakina que ofrece tres errores no forzados y Sabalenka aprovecha para apuntillar con una derecha ganadora y sacar un puño lleno de colmillos.

La adrenalina envuelve a la bielorrusa, que ejerce de dominadora absoluta al inicio del tercer set. Derechas imposibles de su lado que se cruzan con errores del otro. Un ciclón que se lleva a Rybakina con un 3-0 abrumador. Sabalenka saborea ya el título, su quinto Grand Slam. Pero hay un «Falta meter un poco de energía», por parte del entrenador de Rybakina que lo cambia todo.

Lo acepta la kazaja, que se veía por momentos inferior y sin ser capaz de salir de la trampa de latigazos en la que la envuelve Sabalenka. Y, más difícil todavía, lo pone en marcha Rybakina. Encuentra un ángulo, una derecha larga, un revés ganador, pica un poco los nervios y la paciencia de Sabalenka, que siempre tiene menos depósito cuando se le suceden los golpes potentes, y que comete dos errores y sale Rybakina de la jaula a golpe de martillo y constancia.

Del 0-3 al 4-3 que rompe los esquemas de Sabalenka, a la que le sostiene un poco más el tenis, pero no los nervios ni la estrategia. Con 5-4 y saque, la mejor Rybakina, que no tiembla ni cuando la rival se pone 0-15, que devuelve con una derecha ganadora, ni cuando se acerca al 30-30, porque vuelve a azotar con otro ‘drive’ ganador, ni mucho menos se tambalea cuando impacta ese saque definitivo que no encuentra respuesta en Sabalenka y que esconde su segundo título de Grand Slam.

Desde el primero hasta este había demostrado que estaba capacitada para grandes hazañas y vuelve a recogerlas ahora, después de un periodo de inseguridades y miedo extradeportivo a causa del acoso que recibió de un entrenador al que había despedido. A finales del año pasado, campeona de las WTA Finals, ante Sabalenka, precisamente.

«Es un logro increíble; estoy superorgullosa y feliz. Ha sido una batalla atroz, Aryna es una gran competidora y me alegro de ser esta vez la que levante el trofeo. En 2023 también fue muy igualado, pero ella estuvo mejor. Esta vez sabía que tendría una oportunidad si lideraba los puntos, sin esperar errores ni llegar a peloteos largos; simplemente ir a por todas», explicaba de palabra en un discurso algo frío, como su celebración, como su tenis. Frío, pero ganador, al fin y al cabo.

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