

El Baskonia protagonizó una epopeya que ya es historia del baloncesto español. Nadie contaba con los vascos a su llegada a Valencia pero, tras un ejercicio de heroísmo inigualable, consiguieron batir al Tenerife, al Barça y al Madrid en la gran final para convertirse en … reyes de la Copa por primera vez desde 2009. 17 años de sequía cercenados de golpe por hombres como el francotirador Luwawu-Cabarrot, el rinoceronte Omoruyi o el poderoso Forrest, que con justicia fue nombrado mejor jugador del torneo. El proyecto de Scariolo se tambalea, pero el de Galbiati ya ha tocado el cielo.
El recibimiento al Madrid fue de lo más hostil y ruidoso, todo un país había apartado sus rivalidades para que el monstruo blanco, a priori imbatible, no se llevase el ansiado trofeo. Sin embargo, los de Scariolo, guerreros de leyenda, ni se inmutaron y firmaron un parcial de 13-2 que silenció al Roig. Llull, Campazzo y Hezonja fueron los bombarderos y a Galbiati, que ya sudaba a chorros pese a que solo habían transcurrido tres minutos de final, no le quedó más remedio que pedir el primer tiempo muerto de la tarde.
Aunque sufría, el Baskonia comenzó a a entonarse en ataque, más que bienvenidos los aciertos de Luwawu-Cabarrot desde la línea de tres y las cargas de caballería del canadiense Omoruyi, un jugador con cierta torpeza en sus movimientos con la eficiencia por bandera.
Aunque parecía un imposible, el Madrid no estaba nada cómodo, sufría para darle continuidad a su juego, mientras que los azulgranas eran todo fluidez y optimización de recursos. Al menos hasta la aparición de Feliz, al alza en Valencia, autor de dos triples consecutivos que calmaron la ansiedad merengue. Len, que apenas había tenido participación en los dos partidos anteriores, se unió a la causa del dominicano y la ventaja blanca aumentó hasta la decena.
Pese a todo, el Baskonia parecía jugar con una baraja trucada, siempre tenía una carta para evitar la fuga en el marcador de sus rivales. Incluso Forrest, el mejor de los suyos, consiguió finalizar una penetración con un mate ante Tavares. Al descanso, los de Scariolo mandaban, pero su soberanía no era ni mucho menos estable.
Tras el paso por los vestuarios, continuó Luwawu con su dulce sinfonía, canastas y más canastas que obligaban al Madrid a exprimirse al máximo. Scariolo estaba preocupado, ni de lejos era la final que había pronosticado. Campazzo alivió sus tensiones a base de penetraciones, pero sería necesario un calibre mucho mayor para acabar con los irreductibles vascos.
La tensión del marcador comenzó a manifestarse sobre la pista, pues Feliz y Spagnolo casi tienen más que palabras tras una falta del argentino. El roce abrió un tramo fangoso, agotados ambos conjuntos después de cuatro días de estrés y drama. Ante la indecisión, una gran bandeja de Maledon y un dos más uno del desfibrilador Garuba permitieron al Madrid entrar en el último cuarto con un colchón de cinco puntos.
Un triple de Omoruyi y otros tres puntos de Forrest desataron la locura en el Roig, que veía posible la machada. Sin embargo, Feliz, tras un impresionante rebote, y Maledon, finísimo como siempre, devolvieron el golpe. No obstante, fue un espejismo, la vorágine parecía inevitable, el Baskonia competía con maestría y al Madrid se le veían ciertas fisuras. Los de Galbiati, contra todo pronóstico, iban a tener una oportunidad de hacer historia.
Maledon y Forrest seguían enzarzados en su épico duelo de bases, mientras que los árbitros tomaron la decisión más que cuestionable de pitarle la quinta personal a Luwawu tras una acción muy tibia sobre Tavares. El francés abandonó el campo con 28 puntos anotados en 28 minutos, pero el Baskonia no quiso sentirse huérfano y, después del enésimo salto de fe de Forrest ante Tavares, se colocó cuatro arriba a falta de dos minutos. Howard sumó desde la personal y el Madrid necesitaba un milagro semejante al ejecutado contra el Valencia.
Y, efectivamente, Hezonja emuló uno de sus triples de las semifinales. Pero cuando se disponía a repetir éxito, Diakite voló como un avión para colocarle un tapón simplemente antológico. El Madrid no se recuperó y el Baskonia, como antaño, se proclamó Rey de la Copa.
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