
Sobre el papel, el seis veces ganador de Grand Slam Carlos Alcaraz no debería haber tenido demasiados problemas para superar en la pista al veterano Yannick Hanfmann, de 34 años y número 102 del mundo. Pero una cosa son las estadísticas y otra … la pista, con todas las circunstancias que entran en juego a ambos lados de la red. Así, el alemán, que nunca ha ganado un torneo en su carrera, exigió más de lo esperado a un murciano que mira a grandes objetivos y al final tuvo que tirar de oficio para evitar un susto y avanzar en el Abierto de Australia.
Alcaraz se acabó imponiendo por 7-6 (7/4), 6-3 y 6-2 en la Rod Laver Arena para ganarse el billete a la tercera ronda y medirse al francés Corentin Moutet, cabeza de serie número 32 del cuadro y al que nunca antes se ha enfrentado. Sin embargo la clasificación le costó más sufrimiento del esperado, y solo en la recta final del choque logró acelerar para cerrar el triunfo en menos de tres horas de juego.
El murciano comenzó algo dubitativo, con hasta 15 errores no forzados y sufriendo mucho con su saque. Ya en su primer turno al servicio tuvo que sobrevivir a una bola de rotura, pero no lo logró en el cuarto juego, cuando a la tercera Hanfmann rompió por primera y única vez el saque del español. El contratiempo hizo reaccionar a Alcaraz, que devolvió la rotura a su rival para igualar el set y acabar llevándolo al desempate. Ahí, tras tomar ventaja el alemán, una nueva reacción del número uno del mundo con cuatro puntos consecutivos acabó inclinando la manga a su favor.
Hanfmann, que nunca había pasado de la segunda ronda en sus 16 participaciones anteriores en Grand Slam, había empezado muy bien el partido, pero luego no pudo evitar la remontada. De hecho acabó agotado y necesitó un tiempo muerto médico para que le atendieran el hombro izquierdo. Tras la asistencia volvió a plantarse en la pista, valiente pero impotente ante un Alcaraz que fue de menos a más.
«Estoy muy, muy contento de haber superado un primer set realmente difícil», reconoció Alcaraz, que explicó que luego empezó a sentirse «un poco mejor en la cancha». «Obviamente, no me vi a mí mismo jugando tan bien, pero después de hablar con mi equipo, me di cuenta de que jugué mejor de lo que pensaba. Pero todavía me estoy adaptando. Voy mejorando cada día después de cada partido, los comentarios con mi equipo me ayudan mucho, y espero estar mejor en la siguiente ronda».
El hecho es que en la segunda manga el de El Palmar mejoró sensiblemente su rendimiento a base de golpes sólidos y un servicio más certero. Un ‘break’ en el cuarto juego le bastó para poner el 2-0 en el marcador y resolver el partido en el tercer set, donde mostró ya su mejor versión, con 13 golpes ganadores y seis ‘aces’.
El número uno del mundo sigue así adelante y aspira a cambiar su historia en Melbourne, pues no ha pasado de cuartos de final en sus cuatro visitas a Australia, y convertirse en el tenista más joven en completar los cuatro torneos de Grand Slam.