
En su último informe, publicado en la página web del Ejército alemán, el Inspector de la Armada, el vicealmirante Jan Christian Kaack, describe que «sentimos la amenaza en nuestras aguas territoriales; nuestras tripulaciones la experimentan en carne propia en las zonas operativas. Ataques … a infraestructuras submarinas críticas, comportamiento provocador ruso en el mar, la omnipresencia de drones de dudosa procedencia, sabotajes supuestos y reales…». Y advierte de que «los adversarios explotan hábilmente las lagunas legales y operan al límite de la escalada».
En su opinión, la amenaza de una situación de guerra en la que pueda verse involucrada Alemania es «más concreta que nunca» y señala que «ser capaz de disuadir y estar preparado para la defensa requiere, además de fuerza física, sobre todo resiliencia mental y una voluntad incondicional de prevalecer».
No es la primera vez que los alemanes son advertidos del peligro real de una guerra. El anterior canciller, el socialdemócrata Olaf Scholz, ya dio la vuelta a los programas de defensa y estableció el principio de rearme como forma primera de disuasión.
En reiterados informes, los tres servicios de inteligencia alemanes –BND (exterior), MAD (militar) y BfV (interior)– han advertido que Rusia estará en posición de atacar a la OTAN «a finales de esta década» y han cofirmado un aumento significativo de espionaje, sabotaje y operaciones híbridas dentro de Alemania.
El ministro de Defensa, el también socialdemócrata Boris Pistorius, auguró a finales de 2025 que «es posible que hayamos vivido ya el último verano en paz». Pero en este caso es un mando del Ejército el que habla de esa posibilidad en términos concretos y llama a no «perderse pasivamente en el proceso» de rearme.
«En un momento en el que ya no podemos descartar la guerra, ese comportamiento socava nuestra disuasión y preparación para el combate. En última instancia, pone en peligro la vida de nuestros camaradas en el mar», ha llamado a un impulso desde dentro del Ejército. Y sentencia: «Si la disuasión falla, tendremos que luchar. Cuándo y dónde ocurrirá esto lo decide el enemigo. Pero cuán bien preparados estemos para ello lo decidimos nosotros».
El vicealmirante Kaack, que ha fortalecido con éxito la cooperación marítima internacional con países fronterizos con los mares del Báltico y del Norte en los últimos años, se felicita por estar «dirigidos por un Gobierno que exige nuestra preparación para el combate», operar «con un margen financiero que crea oportunidades considerables» y contar con «una sociedad que nos respalda más que nunca».
Pero se queja de que «la estructura actual de la Armada es demasiado compleja, demasiado dependiente de los altos mandos y ofrece demasiadas oportunidades para eludir la responsabilidad». También señala que «está orientada al viejo mundo de los despliegues en el extranjero». Y añade: «2026 marca el comienzo de una nueva era». «¡Que la flota se haga a la mar!», anima Kaack, y urge a solucionar «déficits con los que yo, como inspector, no puedo satisfacerme».
La Marina alemana cuenta con unos 15.000 soldados y 1.800 empleados civiles, pero se enfrenta a «falta de personal y pobreza de material». «La inofensividad no es una estrategia para evitar la lucha», ha asegurado en un tono que hacía décadas no empleaban los mandos de la Bundeswehr. El vicealmirante concluye que «la credibilidad de los actos determina la capacidad de disuadir».
El inspector, en el cargo desde principios de 2022 y valorado como un oficial objetivo y eficiente, apoya la responsabilidad personal y la iniciativa. Promete «apoyo a todos los que toman la iniciativa, y me pondré delante de vosotros si hay viento en contra u ocurren errores» y hace un llamamiento urgente «para que no tengamos que contarle a nuestros nietos sobre la guerra».