
A una semana de la operación militar estadounidense en Venezuela, las playas del estado La Guaira, como el Paseo de Macuto, se convirtieron este fin de semana en un escenario donde miles de venezolanos buscaron un respiro, compartiendo en familia y abrazando la normalidad con un trasfondo de esperanza y resignación.
El ambiente, descrito por los propios asistentes como «organizado, tranquilo y en familia», contrasta con la tensión vivida.
Evelyn Romero, emprendedora del Boulevard Paseo de Macuto, agradeció la habilitación de los espacios para comerciantes y temporadistas. «Hemos estado bajo mucha presión, mucha tensión, mucho susto», confesó, haciendo referencia a las «bajas de personas y ataques a zonas civiles ocurridas en el estado, que calificó como lo más doloroso». Destacó la presencia de cuerpos policiales estatales y municipales que, según su testimonio, apoyan en el operativo de seguridad hasta las 4:00 de la tarde, cuando desalojan los balnearios abiertos al público desde las 7:00 de la mañana.
Para muchos, la playa representó una válvula de escape. «¿Por qué venir a la playa? A desestresarte un ratico, a relajarte. Es muy importante para la salud», expresó Eileen Romero, otra bañista que encontró el panorama «súper normal, a pesar de lo que ha pasado».
Guillermo Landaeta, quien visitaba La Guaira desde Caracas después de más de 30 años, compartió su experiencia: «Vengo simplemente a disfrutar de las grandes bellezas, con la paz y la tranquilidad». Al igual que otros, subrayó el carácter del venezolano. «Somos gente de paz, de alegría, de fiesta, de esperanza».
Jorge Gil, otro visitante desde Caracas, observó la playa «bastante llena» y notó que, aunque la situación del país está «conmocionada», la gente está tranquila y disfrutando. Esta percepción de normalidad reconquistada rápidamente fue compartida por José Felipe Rivas, un vendedor de 74 años: «La gente ya disimuló rapidito lo que pasó, ya parece que no ha pasado nada. Ayer y hoy hemos visto bastante gente en las playas».
No obstante, Rivas dejó entrever el dolor colectivo. «Lamento mucho lo que ha pasado en nuestro país, mucho, y me duele, pero ¿qué vamos a hacer?».
Luis Enrique Poleo, mesonero en la zona, detalló el funcionamiento del balneario. Hay actividad hasta las 4:00 p.m., con servicios de comida, alquiler de sillas y presencia de policías y vigilantes. Mencionó también el servicio de baños públicos, con un costo de un dólar. Los toldos van desde 10$ y los alimentos se consiguen desde 3$ en adelante.
Mientras los bañistas tomaban el sol y los niños jugaban en la orilla, el sentimiento que flotaba entre el relax era ambivalente: un esfuerzo colectivo por recuperar la calma y la rutina, matizado por un anhelo expresado en voz alta por Evelyn Romero: «En espera de que nos devuelvan a nuestro Presidente y que Dios y los ángeles nos sigan mirando con ojos de piedad».
Fuente: Últimas Noticias