Qué es el misil hipersónico Oreshnik: el arma balística rusa con capacidad nuclear que Moscú presenta como imposible de interceptar

Mundo6 days ago52 Vistas

Rusia ha vuelto a emplear el misil hipersónico Oreshnik en un ataque contra Ucrania, esta vez dirigido contra instalaciones energéticas y fábricas de drones situadas al oeste del país. Moscú presentó el lanzamiento como una represalia por un supuesto ataque contra una residencia del presidente Vladimir Putin a finales de diciembre, una acusación que Kiev ya había negado en su momento y de lo que el Kremlin ha hecho caso omiso. Más allá del contexto político y militar, el episodio ha reactivado la atención internacional sobre un sistema de armas que Rusia exhibe como una de sus principales bazas estratégicas.

El 9M729 Oreshnik (que se puede traducir como ‘avellano’, por la forma en la que se despliega su munición) no es un misil intercontinental en sentido estricto, pero sí un misil balístico de alcance intermedio con capacidad nuclear. Este tipo de armamento cubre distancias de entre 500 y 5.500 kilómetros, un rango que permite amenazar amplias zonas de Europa desde territorio ruso.

La primera vez que se usó de manera oficial, el misil recorrió cerca de 1.000 kilómetros desde la región de Astracán hasta su objetivo en Dnipro, un trayecto que completó en unos 15 minutos y durante el cual alcanzó velocidades superiores a once veces la del sonido.

Según Vladimir Putin, el Oreshnik es «imposible de interceptar» y posee un poder destructivo comparable al de un arma nuclear incluso cuando porta una ojiva convencional. Estas afirmaciones se apoyan en la propia naturaleza de los misiles balísticos: tras el lanzamiento, son impulsados fuera de la atmósfera por cohetes y luego descienden a altísima velocidad siguiendo una trayectoria balística, lo que dificulta enormemente su detección y neutralización por los sistemas antimisiles actuales, especialmente si liberan submuniciones u ojivas múltiples.

Ucrania ya había sido objetivo de este misil en noviembre de 2024, cuando impactó contra una fábrica militar. En aquella ocasión, fuentes ucranianas sostuvieron que el proyectil llevaba ojivas falsas y que los daños fueron limitados. Entonces se habló de una «carga útil hipersónica no nuclear», con ojivas que atacaban a velocidades de entre 2,5 y 3 kilómetros por segundo. Otros informes, como los citados por la BBC a partir de datos del Centro para el Control de Armas y la No Proliferación, rebajaban esa cifra a unos 900 metros por segundo, aunque subrayaban igualmente que interceptar objetivos a esas velocidades resulta extremadamente complejo.

El último ataque tuvo también consecuencias colaterales. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, denunció daños en un edificio de la embajada de Qatar —uno de los países mediadores en el conflicto— y en al menos veinte viviendas residenciales en Kiev y sus suburbios, con un balance provisional de cuatro víctimas mortales.

Las dudas del Oreshnik

Pese a la presentación del Oreshnik como un arma revolucionaria, varios expertos matizan su supuesta novedad. Varios analistas militares consultados por Reuters coinciden en que el misil se basa en tecnologías ya conocidas y sería una adaptación de sistemas balísticos desarrollados previamente. La portavoz del Pentágono, Sabrina Singh, explicó que su diseño deriva del RS-26 Rubezh, un misil balístico intercontinental, y calificó su uso como «experimental», al tratarse de un sistema que no había sido empleado antes en combate real. Según Singh, el misil puede configurarse para portar distintos tipos de ojivas, tanto convencionales como nucleares.

Jeffrey Lewis, director del Programa de No Proliferación de Asia Oriental del Instituto Middlebury, recuerda que todos los misiles balísticos de este alcance son, en la práctica, hipersónicos. Añade que existen interceptores concebidos teóricamente para hacerles frente, como el Arrow 3 israelí o el SM-3 Bloque 2A estadounidense, aunque su eficacia real frente a sistemas como el Oreshnik sigue siendo objeto de debate.

El despliegue de este tipo de misiles también tiene una dimensión política y propagandística. Los misiles de alcance intermedio estuvieron prohibidos durante décadas por un tratado bilateral entre Estados Unidos y la Unión Soviética —y después Rusia—, del que ambos países se retiraron en 2019. Desde entonces, su desarrollo y exhibición han vuelto al centro del pulso estratégico. «El Oreshnik puede amenazar casi la totalidad de Europa», advirtió Pavel Podvig, investigador del Instituto de Naciones Unidas para la Investigación sobre el Desarme, una valoración que ayuda a explicar por qué cada lanzamiento tiene un impacto que va mucho más allá del propio campo de batalla.

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