Manuel Barreto
Director de Relaciones Interinstitucionales de la Universidad de Carabobo
“El voto como trampa es el mecanismo que usan las dictaduras y los despotismos partidarios del siglo XXI para afirmarse y es, cuando menos, una liberalidad “gattopardiana” que pactan los blandos de aquellas con los oportunistas de la política.” Asdrúbal Aguiar
De acuerdo con su etimología, del latín Voveo, Votum, el voto, conceptualmente, se concatena con el deseo, con lo que se quiere o anhela. Y así se pudo apreciar el pasado 28 de julio…
Sin embargo, aquí vamos de nuevo, con este “Déjà vu” que aturde, que desconcierta, que nos convoca, a trocha y mocha, sin haber resuelto un delicado proceso electoral presidencial que arrojó al basurero de la historia, la decisión y la cívica voluntad del 80% de los venezolanos. Con cientos de ciudadanos presos de manera injusta, casi todos sentenciados arbitrariamente, por el solo hecho de exigir respeto a su voto. Participar en ese parapeto de abril, significa aceptar de antemano lo éticamente inaceptable. Pero ya viene la aclaratoria: se trata de política, no de filosofía.
Este sainete que deja corto el sarcasmo de Moliere en toda su obra; este teatro del absurdo que nos deja esperando a Godot, un lamentable espectáculo que conlleva a buena parte de la ciudadanía a una especie de escepticismo lamentable, a no creer más en nada, ni en nadie y menos en alguien vinculado o relacionado con esta lavativa camaleónica que se empeñan en ubicarla como “Realpolitik”.
Los argumentos en contra de la participación en estas elecciones previstas para abril son abundantes, empezando por la absoluta negación a esa genuflexa posición de “pasar la página”… Sin duda alguna lo que salta a la vista es la incoherencia. El ir a votar ahora sería de una inconsistencia mayúscula pues el CNE que avaló el fraude el 28/07, será el mismo arbitro en la charada de abril.
El otro asunto es sobre la utilidad real de participar a sabiendas que, aunque se gane una gobernación o una alcaldía, el régimen saboteará su gestión. Ejemplos sobran. ¿Cuántos alcaldes presos, asilados, perseguidos y anulados han podido defender “sus espacios”? ¿De qué han servido esos “espacios”? De nada. Al no participar en esa charada, se estaría mostrando la debida coherencia política que reforzaría el apoyo internacional.
Para dar mayor peso a estas observaciones y alertas, ahora se suma lo expresado por la Conferencia Episcopal de Venezuela en un contundente comunicado del cual se extrae: “Reiteramos nuestro llamado a respetar la soberanía del pueblo expresada a través del voto el pasado 28 de julio. Desconocer la voluntad popular es ilegal y éticamente inaceptable.”
En tanto que el conocido politólogo Benigno Alarcón “Después de lo sucedido el 28 de julio, la gente no va a participar en una elección, por lo menos en el corto o mediano plazo. Creo que tratar de llevar a la gente a una elección antes de que se resuelva el conflicto por el resultado del 28 de julio, es nadar contra corriente, es un tema de coherencia mínima. La gente vota para elegir y si siente que a pesar de votar no elige, no se sentirá motivada a participar”.
Y dos opiniones que sin duda, deben ser consideradas: “No participaremos en farsas diseñadas para perpetuar la dictadura, nuestra prioridad es hacer valer el mandato que nos dio el pueblo” nos dice Edmundo González Urrutia, y María Corina Machado remata con “Hasta que el resultado del 28-J no entre en vigor no procede participar en elecciones”.
Así las cosas, ya está en el tapete una palabra que trae consigo la interminable discusión. Nos referimos a la abstención. El término “abstener” es un vocablo de nuestro idioma que proviene de la palabra latina abstinere, y que originariamente significa “Contener, refrenar o apartar”.
El vocablo abstinere lleva intrínseco un acto de voluntad de un individuo, que luego del análisis de una situación, decide no ejecutar la acción que resultaría en consecuencia; y además argumenta suficientemente su determinación, lo mueve a la toma de una decisión y de un comportamiento, por ello, cuando hablamos de abstenerse, implica un acto consciente que involucra una reacción del individuo como resultado del análisis racional de la situación.
La abstención es un hecho político relevante si se pretende juzgar el grado de legitimidad y participación ciudadana en el proceso de toma de decisiones. Es significativa y debe ser explicada y no omitir el hecho, y convertir la realidad en una simple diatriba estadística.
No es sano avalar procesos donde un considerable porcentaje de los ciudadanos, decide enajenar, voluntariamente, su conciencia y participación política. Tal situación nos conlleva a una democracia sin demócratas o a unos ciudadanos sin ciudadanía; pues resulta evidente, y muy notorio, que el necesario vínculo entre electores y elegidos ya se presenta como una farsa.
Etimológicamente, democracia significa “Poder del Pueblo”, poder que se ejerce a través de la voluntad del ciudadano (no dé la razón). Siendo muy cuesta arriba que todos los individuos tengan la misma voluntad o los mismos deseos, ¿se puede afirmar que, en una democracia, es el pueblo quien ejerce el poder? Lo ejerce sólo una parte del pueblo.
Así las cosas, para algunos, el voto es la herramienta perfecta de la democracia…y para otros una excusa para la dominación.